No dice nada. Relativiza todo. José Alperovich ha demostrado, una vez más, que él sigue siendo el dueño de la casilla del medio, el amo y señor del proyecto político de la provincia. Y que no está dispuesto a ceder espacios, al menos durante los próximos cuatro años. Lo dejó bien sentado el sábado en el Teatro San Martín, cuando asumieron los concejales de la capital. Y ayer también. Sus colaboradores movilizaron -desde temprano- una hinchada de esas que gritan los 90 minutos. Y hacen ruido. Como el que se escuchó anoche en el Salón Blanco, allí donde no pudo entrar La Cámpora, como sucedió en las primarias. "¡Borombombóm, esta es la banda del interior!" Cantaron los simpatizantes oficialistas justo cuando el gobernador terminó su breve discurso (casi de un minuto) y mientras el intendente Domingo Amaya ingresaba al antedespacho de la Gobernación.
El jefe comunal se desentendió del mensaje "subliminal" del alperovichismo. Afirma que él sólo piensa en la gestión y que no es momento de peleas. También que su relación con el gobernador es normal; la de siempre. Pero, hacia el futuro hay intereses que se entrecruzan. Uno es tiempista; el otro (más bien sus allegados) no está dispuesto a ceder terrenos. Ambos se necesitan. Ninguno quiere un problema capital para los próximos cuatro años.